Proyecto propio · En desarrollo

Poder y Nación

Un simulador político y económico de España por turnos mensuales, construido desde cero. Tampoco es un encargo — es nuestro, y estas capturas son del juego funcionando de verdad.

19 + 19
comunidades autónomas y ministerios, cada uno simulado por dentro
460
pruebas automáticas que pasa el núcleo
8.112
municipios en el mapa, con desglose hasta el barrio
Sin anunciar
fecha de lanzamiento

Qué es Poder y Nación

Poder y Nación pone al jugador al mando de España como Presidente del Gobierno —o como líder de la oposición aspirando a serlo—, en un simulador político-económico por turnos mensuales. No es un juego de estrategia con ropaje político: modela cómo funciona de verdad un Estado por dentro, sus ministerios, su Parlamento, sus comunidades autónomas, su relación con Europa, y las consecuencias reales, con retraso real, de cada decisión que toma quien gobierna.

Un solo país, simulado a fondo

Los simuladores del género reparten su complejidad entre decenas de países y, por fuerza, simplifican cada uno con un modelo genérico. Nuestra apuesta es la contraria: coger un solo país y simularlo con un nivel de detalle que no hemos encontrado en ningún otro juego del género. Las 19 comunidades autónomas están desde el primer día del proyecto — nunca hubo una versión reducida «para empezar». Cada una tiene su parlamento con la composición real de escaños (Cataluña 135, Andalucía 109…), su gobierno regional presidido por un barón con nombre propio, su ambición y su afinidad —o su hostilidad— hacia Madrid, y su propio ciclo de investidura real: primera vuelta por mayoría absoluta, segunda por mayoría simple, o gobierno en minoría si no hay acuerdo.

El sistema electoral reproduce el método D'Hondt provincia a provincia, y el reparto de los 350 escaños se recalcula antes de cada elección según cómo haya cambiado la población. Eso hace aparecer solos fenómenos reales del sistema español, como que un partido pequeño y territorialmente concentrado saque más escaños con menos votos que uno grande y disperso. La desproporcionalidad que produce el modelo, medida con el índice de Gallagher, cae dentro del rango real de las elecciones españolas.

Capturas

La pantalla principal: indicadores, mapa y bandeja
La pantalla principal: indicadores, mapa y bandeja
El país entero, comunidad a comunidad
El país entero, comunidad a comunidad
La red real de autovías y alta velocidad
La red real de autovías y alta velocidad
Zoom sobre Madrid, con el relieve real
Zoom sobre Madrid, con el relieve real
El Congreso votando los Presupuestos
El Congreso votando los Presupuestos
La tramitación real de una ley
La tramitación real de una ley
La hemeroteca de boletines oficiales
La hemeroteca de boletines oficiales
Hacienda por dentro, con su fraude fiscal
Hacienda por dentro, con su fraude fiscal
Madrid barrio a barrio, con su renta real
Madrid barrio a barrio, con su renta real

Capturas del juego en desarrollo (v0.5.0). Los partidos y los personajes que aparecen son ficticios. El arte definitivo no está cerrado: lo que se ve aquí puede cambiar.

Gobernar de verdad, no solo ver resultados

Aquí está el diferencial más profundo. El juego no se limita a calcular cómo evoluciona el país: modela el proceso real de gobernar. El motor legislativo es real — las leyes recorren sus fases (registro, comisión, pleno, Senado, publicación oficial) y solo entran en vigor si reúnen la mayoría que exige su rango. El Senado tiene su propia composición mayoritariamente provincial, con 270 escaños y el primer partido sobrerrepresentado, y su veto real del artículo 90, que el Congreso solo puede levantar con los tiempos y mayorías que marca la Constitución. Cada ley aprobada genera su boletín oficial ficticio —BOE estatal o el autonómico que corresponda—, navegable en una hemeroteca propia como registro documental permanente de la partida.

El Consejo de Ministros funciona de verdad: las decisiones ejecutivas no se aplican al instante, se llevan al orden del día y solo se convierten en decreto cuando el Consejo las aprueba —el martes ordinario, o en un Consejo extraordinario— y solo si el Gobierno puede costearlas con su capital político. Un decreto decidido un jueves no llega al boletín hasta el martes siguiente. La negociación tiene memoria: pactar con un grupo mejora su disposición, pero incumplir lo prometido sube su precio para el resto de la partida. Y gobernar en minoría es gobernar en minoría de verdad — un socio de coalición puede amenazar con romper a mitad de legislatura, y ceder o plantar cara cuesta caro en las dos direcciones, hasta el punto de poder hacer caer al Gobierno.

Nada de esto da resultados al instante, que es justo el punto: ninguna reforma estructural importante los da. Un plan contra el fraude fiscal no sube la recaudación esa misma semana; tarda meses, como con la Agencia Tributaria real. Dejar que el déficit se descontrole no pasa factura de inmediato, hasta que un día la Unión Europea abre un procedimiento por déficit excesivo y la prima de riesgo se dispara. La consecuencia llega, pero llega tarde — lo que obliga a gobernar pensando en el medio plazo y no solo en apagar el fuego del momento.

El mapa es el tablero

Toda la partida transcurre sobre un mapa real de España: las siluetas oficiales de las 19 comunidades, la red de carreteras y ferrocarril con todas sus curvas —no líneas rectas simplificadas—, el relieve auténtico de las montañas recortado a la silueta del país, y 13 capas de datos conmutables (tensión territorial, paro, PIB per cápita, sanidad, educación, espera médica, precio de la vivienda, quién gobierna…) que lo convierten en un termómetro constante del país entero. El mapa se carga por secciones según el zoom, como cualquier mapa digital moderno, y baja hasta el nivel más fino: las 47 grandes ciudades tienen su pleno municipal propio repartido por D'Hondt según la ley electoral, y las mayores se desglosan en sus distritos —Madrid en 21, Barcelona en 10— cada uno con su renta relativa real, de la que salen la seguridad y la tensión vecinal del barrio.

Lo que ya es real

Núcleo de simulación que pasa 460 pruebas automáticas y corre sin interfaz gráfica: veinte años de partida se simulan en segundos para calibrarlo
Los 19 ministerios con su propia sala de control, sus indicadores internos y sus decisiones ejecutivas — no una cifra plana que sube y baja
Motor legislativo completo con las dos cámaras, el veto del Senado, el Consejo de Ministros y la hemeroteca de boletines oficiales
Las 19 comunidades con parlamento, investidura, presupuesto y barón propios, más 97 ayuntamientos y el desglose por distritos
137 políticas y 114 eventos que pueden torcer una legislatura, sobre 684 segmentos de opinión pública con su propia sensibilidad
Organismos del Estado capturables —INE, CIS, RTVE y CNI— con la ventaja que dan a corto plazo y el riesgo de escándalo que acumulan

Neutral por diseño, no por discurso

Los partidos que aparecen en el juego son ficticios: el sistema es realista, pero ningún nombre identifica a una formación real. Y ninguna ideología está premiada ni castigada por diseño — el juego está construido matemáticamente para que el centro de la opinión pública se ancle siempre al centro de gravedad del propio sistema de partidos en juego, nunca fijado de antemano por quien lo diseña. Cada bloque de contenido nuevo se verifica contra un balance de veinte años que comprueba que ningún reparto ideológico se desvía. El juego enseña las consecuencias de cada decisión; no dicta cuál es la correcta.

Cómo está construido

El juego se construye enteramente en Godot, con un núcleo de simulación que corre sin interfaz gráfica —lo que permite probarlo y calibrarlo con partidas de veinte años simuladas en segundos— y una interfaz jugable completa construida por código, sin editor visual. Todo el contenido del juego (políticas, eventos, parámetros de calibración) vive en datos externos, nunca en el código, así que ampliarlo no obliga a tocar el motor.

La cartografía usa datos abiertos, con la atribución que exigen sus licencias: la red de carreteras y ferrocarril y el callejero proceden de OpenStreetMap y sus colaboradores (licencia ODbL); el relieve, de los datos de elevación Terrarium (AWS Open Data); y las siluetas administrativas oficiales, del Instituto Geográfico Nacional a través de geoBoundaries (CC BY 4.0).

Es uno de los pocos proyectos propios de los que contamos este nivel de detalle — y el primero del que ya podemos enseñar capturas. El resto siguen, por ahora, estrictamente secretos.
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